Compitiendo
Una de las cosas que más detesto de los institutos es el fomento de la competitividad. Durante mucho tiempo he sido ajena a todo eso. He procurado no participar en conversaciones de "¡vaya, un ocho, y sin estudiar nada!", ni presumir de mis notas (aunque lo cierto es que no tenía muchos motivos para presumir de ellas).
Ahora, sin embargo, se me presenta una situación que detesto. Me he dado cuenta de que una de mis amigas de clase intenta competir conmigo. Desde pequeña, en muchos sentidos, lo hizo, pero ya somos mayorcitas y pensé que se le había pasado.
Pero poco a poco voy notando que no es así. Sé que se esfuerza, por ejemplo, en demostrar que es mejor en inglés que yo, pues es mejor en los exámenes de gramática, pero en comprensión escrita y verbal, por ejemplo, le gano en media. Nunca me pregunta dudas de vocabulario, como si fuera imbécil, aunque mi nivel en este sentido también es superior al suyo. La única vez, en todo el curso, que me equivoqué al contestar una duda de esta materia a un compañero, ella me gritó: "¡Tomaaaaaaa!", de un modo que se podía interpretar como broma, pero por su tono de voz se adivinaba un problema algo más profundo.
Aprovecha también esa costumbre mía de pasar de exámenes y trabajos para parecer superior. Esta mañana, sin ir más lejos, comenté que se me habían olvidado las pelotas de malabares en casa. Ella, en tono sarcástico, comentó: "¿se te han olvidado, o no las has hecho?" (había que hacerlas a mano). Es un comentario que parece inocente, pero se repite continuamente a lo largo de la semana, pareciendo un intento de dejar al descubierto lo malísima alumna que soy.
Es, además, la primera persona de mi edad que me dice a la cara que cree que repetiré curso, completamente segura de que lleva la razón. Normalmente, la gente te apoya y te dice que seguro que aprobarás, más teniendo en cuenta que sólo tenemos las notas del primer trimestre. Ella no: ella se limita a augurarme otro año en primero de Bachiller. Del futuro académico de otras amigas nuestras, cuyas notas son peores que las mías, no dice nada.
Para colmo, ha pasado UN día desde que me compré mi nuevo móvil. ¿Qué ha hecho ella...? Ir a la tienda y comprarse uno con las características que sabe que tiene el mío. De hecho, es uno de los modelos que estuve mirando cuando fuimos las dos el pasado viernes a dar una vuelta.
No sé.. a lo mejor me estoy volviendo loca, que puede ser.
Pero es que estoy HASTA LAS NARICES de estas situaciones absurdas. Cuando era pequeña, mi madre me instaba a competir con mis amigas; cuando fui algo mayor, la competitividad era entre E (una chica de mi clase) y yo. Ella lo tenía todo: era guapa, simpática y trabajadora. Todo el mundo creía que era más inteligente que yo, hasta aquellos test de inteligencia, en los que superé con creces a toda mi clase, e incluso a ella, la popular. Todo el mundo dijo que ni de coña, que no podía ser. Que yo ni siquiera hacía los deberes. Y la profesora de religión añadió leña al fuego, diciendo que "tal vez no los hacía por que mi nivel era superior al del resto de la clase, y me aburrían esos ejercicios". Desde entonces he intentado pasar desapercibida. He ignorado y hasta descuidado mis notas, dejando de lado ese espíritu competitivo de los centros educativos. Y que ahora, a mis DIECISÉIS años, por la suerte que estoy teniendo este curso en muchas materias (el día que no entrego un trabajo, viene el profesor y anuncia que no cuenta para nota..), tenga que volver a soportar que alguien se compare conmigo.. ¡¡Que no, coño!!





Cristina dijo
Bueno, me has pedido que te haga un comentario asi que allá voy.
En mi opinión ella(a la que también conozco desde hace tantos años como tu) siempre ha sido así de competitiva. Siempre se ha sentido un poco inferior a los demás y ha querido destacar por encima de todos y antes no era tan acentuado ese ímpetu de superioridad pero según parece con los años aumenta y ahora te ha escogido a ti como ese objeto de competitividad.
Lo que dices de que has ido bajando tu rendimiento académico por no destacar me recuerda cuando yo era pequeña y la profesora me cogió por "su preferida" en contra de mi voluntad simplemente porque era buena estudiante, la profesora de las narices (con perdón) en un examen, que ella copiaba las preguntas en la pizarra y nosotros las debíamos ir copiando, pues no se le ocurrió otra cosa que decir: ¿Cristina has terminado estas preguntas? y yo como mi madre me enseñó no mentí y dije que sí sin saber lo que ella haría después, las borró. Total, mis compañeros se quedaron sin poder copiarlas porque a la señora se le antojó que si Cristina había terminado los demás también debían terminar, asi que tenía por un lado a la profesora repitiéndome mil veces que si ya había terminado y por otro a mis compañeros susurrando que esperase, como es normal yo esperé por mis compañeros. Esa profesora era realmente malvada en mi opinión, su actitud en cierto modo favoritismo hacia mi me causo más de un conflicto con mis compañeros hasta que al final un día tuve que ser un poco brusca y borde con ella y cortar el asunto de raíz. Le dijo a mi madre, entre otras cosas, que si las miradas matasen yo ya la habría matado y que una vez que me pregunto inocentemente porque era tan callada la solté porque no tengo nada que decir con un tono algo borde; bueno pues a partir de ahí por suerte los favoritismos cesaron. Aun que a partir de ahí he ido bajando mi rendimiento considerablemente, sin esforzarme apenas y por desgracia se ha convertido en una mala costumbre permanente que cuesta modificar.
Y creo, querida Anaïs, que deberías pasar de ella o bien ponerte un día ante sus narices y decirla a ti que te pasa chica, a ver si maduras.
Y en cuanto a lo de ir bajando tu rendimiento por pasar desapercibida me parece un error, porque los estudios te permiten tener un buen futuro y no merece la pena estropearlo por gente envidiosa y competitiva.
Un beso, Cristina.
3 Marzo 2008 | 08:58 PM